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La Cueva del Toro



Si se te antoja comer una parrillada con un buen vino, La cueva del toro te espera para deleitarte con el auténtico y exclusivo sabor de sus carnes a la parilla. Este restaurante se encuentra ubicado en la Av. Machala N57-202 e Ignacio Pareja telf: 2530271; también cuenta con dos sucursales, una en la Av. Manuel Córdova Galarza Oe3-67, al frente del colegio Goretti, vía a la mitad del mundo su telf: 2350312 y otra en la Av. 13 de Junio y 21 de marzo esquina Edificio Montenegros planta baja (San Antonio) telf: 2398776.
La especialidad de la casa son las carnes y los embutidos a la parrilla. Pinchos de res, cerdo y pollo acompañados de papas cocidas o fritas; parrilladas y extras como: porciones de ensalada, choclo y mote, lo que tú desees. También te ofrecen vinos, el complemento perfecto de la carne; cervezas, perfectas para el clima cálido de la mitad del mundo y variedad de licores. Y no puedes olvidarte de probar la deliciosa Toroburguer, única por su sabor.
El ambiente en La Cueva del Toro te va a gustar mucho, es acogedor decorado con madera, ideal para disfrutar un momento con tu familia o amigos.
Puedes realizar tu reservación o pedir su servicio a domicilio llamando a los los números de la sucursal que esté más cerca de tu casa.

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Guápulo café arte

El viento frío rozaba mis mejillas en la noche traviesa que tiritaba bajo los pliegues de mi saco de lana. Pero ni eso ni el paraje agreste de un Guápulo olvidado, consiguieron que desvíe mi vista de una noche que reflejaba poéticamente sus estrellas en mi copa de vino hervido. Un vino, que más que hervido, se convirtió en la identidad de un Quito de altura y señorialmente helado, sobretodo estas noches que soplan contra la ciudad para jugar con los cabellos de aquellos que, despistados, olvidan las bondades naturales de este rincón del mundo. Y, hablando de rincones, en el pequeño espacio de un chaquiñán artístico y bohemio, de la calle Camino de Orellana, aledaño a la post modernidad de una ciudad desafiante y cosmopolita, se encuentra ubicado el Guápulo café arte. Un sitio que refleja, en las paredes de su pequeñez, la grandeza de una cultura pintoresca y artísticamente incansable, de trazos gruesos y manos danzantes.
En la puerta, un simpático mesero, cajero y dueño a la vez, me recibió cordial y me guió a través del bosque de sillas, mesas, pinturas, posters, artesanías, vasos, platos y dibujos hasta una pequeña terraza donde, como observatorio, miré la creación única de este país mestizo. Todo esto, mi vino hervido y un plato fuerte, lo pude disfrutar por menos de seis dólares, ¿se puede pedir algo más?